La primera excursión
Ayer nos fuimos con un cochecito (leré) a ver varios pueblecitos de cerca de Bucarest. Es curioso el cambio que da el país en el momento que sales de la ciudad. A los diez minutos estábamos viendo carros de caballos por las carreteras y auténticas jaurías de perros por las calles de los pueblos.
Estuvimos viendo Snagov, que es donde supuestamente está enterrado Vlad Tepes. Como está enterrado sin cabeza, el señor tiene solo una parcelita de metro sesenta por un metro para él. La arquitectura del edificio es similar a las iglesias románicas del resto de Europa, pero parecen mayores porque se gastan unas bóvedas bastante considerables.
La iglesia es bonita y tal, con muchos frescos (pintura, malpensados), en las paredes y letras cirílicas por todas partes, pero lo mejor de la iglesia fue el viaje. Tres rumanos nos vieron acercarnos al lago (el monasterio está en una islita), nos llevaron a la parte trasera de su jardín hasta un embarcadero y nos montaron en una zodiac sin motor y sin asientos. La lancha iba a tracción animal, es decir, un rumano se subió a la proa y se puso a remar. Ida y vuelta, 3 € por cabeza más propina que soltó Oscar, que va en plan Gigi Becali (Como Jesús Gil, pero un poco más respetable y en rumano).
Las otras dos visitas, un palacete en un pueblo perdido, nada muy espectacular, y un monasterio ortodoxo mejor cuidado que el anterior, donde un cura nos bendijo. El toque curioso fueron las estatuas de Lenin y otro señor que habían quitado de enfrente del Palacio de la Prensa Libre con la caída del comunismo y escondido detrás del muro del palacete.
Me extrañó que no hubiera nadie viéndolas y que estuvieran ahí tiradas y escondidas. Dios me libre de creerme un experto en psicología rumana (a pesar de lo que estoy viendo), pero para mi que esta gente ha decidido ignorar que desde el 65 al 89 fueron un régimen comunista. Me parece un comportamiento peligroso, principalmente porque hay muchos rumanos que siguen una filosofía de funcionariado que va fatal con el capitalismo.
Por la noche nada interesante. Bar, cerveza, perreo todo lo que se pudo y más… lo habitual. Ah, eso sí: o yo me he vuelto un seductor sin darme cuenta o las rumanas son MUY amables. Lo de liarme con una rubia a los 20 minutos de entrarle en un bar no me había pasado en mi vida
Alex, pendón. La revedere
