La familia bien, gracias
Hoy han venido mis padres a Bucarest para estar conmigo para mi cumpleaños. Día 4, por cierto. Un cuarto de siglo ya. Buf…
Bueno, pues eso. Aprovechando que era fiesta para los españoles y que no habíamos salido el día anterior (panda de rajados que somos), se ha podido descansar en condiciones. Por la tarde, después de ir a currar un rato para avanzar lo de las misiones, he ido a recogerlos a Otopeni, donde he coincidido con Pedro, que estaba enredado en gestiones similares. Parece que ha tocado semana de padres. En el caso de nuestro madrileño favorito, semanas, que su familia se va a quedar diez días. Si es que esta gente de la capital lo hace todo a lo grande.
Resulta curioso lo mucho que me he adaptado al país en tan poco tiempo. Desde mi "conversación" y negociación en rumano chapurreado con el taxista, pasando por la soltura con la que cruzaba en las calles más transitadas, todo indica que no me ha costado nada rumanizarme. A ver si lo malo del país tarda más en pegárseme, que ya tengo bastante con lo mío.
Fuera bromas, resulta curioso compararse con un español recién llegado y ver lo inocente que debía parecerle hace un mes a cualquiera que me viera por la calle.
Aun así, se que me queda mucho por aprender de una cultura tan diferente de la mía (a mis lectores no pan-europeos: se que no me he ido a un país asiático o musulmán, pero leñe, que sí que es diferente de España, en serio). Me pregunto si dentro de un año me las arreglare con soltura suficiente, o si por el contrario me dedicaré a pasar mi estancia sin empaparme de muchas de las movidas de Rumanía. Espero que sea la primera. De verdad.
Buenas noches, gente. De aquí a un par de días: presentación oficial de blog al público.
