From dawn till dawn
Son las cinco de la mañana. Ya sé que no son horas de hacer un post, pero hay veces que hay que hacer cosas en contra de las normas. Esta es una de ellas.
Hoy estaba volviendo de la fiesta de despedida de los becarios de las cámaras de comercio, Oscar e Ibán, que se van a volver a España (temporalmente) en una semana. La fiesta ha molado, con 30 personas comiendo pizzas y bebiendo Timisoreanas en un garito que caben 10, y luego parranda en el Salsa (bar execrable, pero que parece un imán para los españoles). Aun así, nada que destacar, salvo las camisetas que les hemos regalado a los que se van, con fotos suyas en situaciones embarazosas y con nombres en la espalda apropiados para la situación en cuestión. Gigi y Txayan, nunca os olvidaremos. Sobre todo porque volvéis en segunda fase en un mes.
De todas formas, lo memorable de la noche ha tenido lugar cuando volvía (yo solo, que Jon se había retirado a una hora prudencial) a casa. No hemos visitado todavía el parque que tenemos al lado por falta de tiempo y temor a los perros, así que, en pleno pedo, he decidido pasarme por ahí.
Lo primero que he visto ha sido una especie de mirador de cemento en medio del parque. No hay fotos, así que voy a tener que explicarlo de palabra: son dos escaleras paralelas de 30 escalones, bastante empinadas, que acaban en una plataforma circular. A primera vista, parece como si los rumanos hubieran construido una atalaya para poder ver todo el parque desde 15 metros de altura. Sin embargo, una visión más detallada revela una especie de surco entre las dos escaleras que parece a medida para meter el culo de un chaval. He estado un rato mirándolo hasta que he comprendido la función: ¡ES UN TOBOGÁN!
He estado como media hora tirándome al grito de ¡WIIIIIIII!, y luego he seguido dando vueltas por esa caja de sorpresas que teníamos al lado de casa sin saberlo.
He encontrado un fuerte de madera con más toboganes, columpios, un sube y baja, una media luna y lo que m
ola más de todo: una tirolina. Son como treinta metros de cable está tan bien engrasada que con un poco de carrerilla te puedes colgar y recorrértelos sin ningún tipo de problema. Tenía que resistir la tentación de cantar la música de Indiana Jones y partirme el culo cada vez que la usaba.
Resumiendo: en lugar de irme a dormir a las 4 me voy a poner a ver Casino Royale (que acabo de bajar) a las 5 y media. ¿Y sabéis qué? ¡Ha merecido la pena!
Un abrazo chavales
