El Rumaño

November 29, 2006

Memoria

Filed under: Vida en Bucarest

Los infanticos anuncian, el dia desde el PilarOtro post a las tantas de la mañana. No se por qué, pero las ideas que merecen la pena contarse se me ocurren cuando voy caminando solo hacia casa o el trabajo, cuando tengo música en los cascos para aislarme del mundo y dejar que la cabeza haga su trabajo. Hoy me ha tocado tanto a la ida (me he dormido y Jon ha salido antes), como a la vuelta (cena y cervezas con todos los conocidos de los becarios que se piran, aunque finalmente hemos quedado Oscar, Javi, que ha vuelto por fin, y el antiguo becario de inversiones, Adrian)

Resumiendo, que he tenido una sesión larga de música y de meditación. Con La Ronda de Boltaña como fondo, mis devaneos mentales han acabado, como no, en Aragón, mi patria chica, y las vivencias y amigos que he dejado atrás. Parece que es algo común que los becarios a los dos meses se acuerden de los suyos por unas cosas o por otras, como he ido viendo en distintos blogs.

Noviembre, solo sabes contar penas,

carrusel de la memoria, ¡para ya!

Llevo dos meses aquí, y que quieras que no se empieza a echar en falta a aquellos con los que se ha compartido tanto tiempo que sabes que te han marcado de por vida. Dos meses sin más contacto que los mails y alguna llamada de Skype son muchos para alguien que está acostumbrado a ver a sus amigos cada siete días y a hablar con ellos cada dos. De vez en cuanda, me asalta una sensación de desarraigo, como si no encajara en este lugar nuevo en el que me encuentro, como si me faltaran los soportes sobre los que he basado toda mi vida.

Canción de mañanada, que lejos queda Aragón,

casa mia entre barzas, cómo te olvido yo 

También la propia ciudad influye. Bucarest es distinta de Zaragoza, en más de un nivel. El clima, la gente, el idioma, el tamaño… absolutamente todo me recuerda, cuando le dejo, que estoy a un millón de kilómetros de lo que ha sido mi hogar durante media vida. No estoy diciendo que  Bucarest no tenga sus encantos, y de hecho muchas veces me encuentro pensando en lo mucho que me gusta esta ciudad.

Simplemente, Zaragoza yo tenemos una especie de entendimiento al que nos ha costado años llegar. A veces siento que Aragón en general y Zaragoza en particular son organismos vivos, que se mueven a un ritmo al que me he haibituado y del que soy una parte importante. En el fondo sigo siendo un chico de pueblo, y en esa pequeña ciudad de primaveras cortas y de inviernos y veranos brutales siempre habrá un sitio para mí, al igual que en mí hay un sitio para ella.

Con la 43, madre no llore usted,

por el mundo en que creo, con fe lucharé

Esto no quiere decir que me arrepienta de haber tomado este camino. Tanto el proceso para llegar aquí como lo que he vivido en Bucarest ha sido algo que llevaré conmigo aunque me volviera mañana a España. Estoy muy contento de estar aquí la mayor parte del tiempo, en este país siempre curioso y a veces insoportable. Y lo bueno es que sé que lo mejor está aún por llegar.  

Que el recuerdo vuelve tierno, hasta el pan duro de ayer

Al final, por mucho que se añore algo, siempre es mejor echar de menos y recordar los buenos momentos a no haberlos vivido nunca, ¿verdad?

Un abrazo a todos. 

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