There is no phone ringing, damnit!
Los becarios de cámaras se han ido. Pedro se ha largado con su novia a Sofía. El ambiente de fuera de la oficina me hace temer la caída de la noche (porque va a hacer mazo de frío, básicamente). Estoy yo solo en el despacho que hace dos semanas compartía con otras tres personas. Me siento como Charlton Heston en El último hombre… vivo.
Je, tenía ganas de poner esa foto desde hace bastante tiempo. Con eso solucionado, vamos a pasar a lo serio: El viaje iniciático del fin de semana.
Como todos los que vienen a Rumanía y ya conocen Bucarest, Javi, Jon y yo planeamos hacer un viajecito por los lugares más típicos del país: Brasov, Sighisoara y Sibiu (a la que al final no tuvimos tiempo de ir). El plan consistía en salir el viernes por la noche, dormir en Bran (cerca de Brasov), ver la zona el sábado y salir hacia Sighisoara, donde íbamos a dormir para ver la ciudad el domingo. Simple y fácil de cumplir. Nada podía salir mal, ¿verdad?
Bueno, al principio no hubo ningún tipo de problema. Llegamos a Bran, sede del castillo (falso) del Conde Drácula, sin nada más memorable que un puerto con muchísima niebla y unas patatas fritas con sabor a cebolla que nos comimos de cena en el coche (malísimas). La casa donde dormimos nos la habían recomendado Oscar y Pedro, y la verdad es que estaba bastante bien. El "hotel" consistía en tres casas de tres pisos cada una, con habitaciones de ambiente rústico, con madera y tal. El único inconveniente era que no había cortina de ducha, con lo cual el baño se convirtió en piscina olímpica rápidamente.
Al día siguiente (1 de Diciembre, fiesta grande de Rumania) fuimos de cabeza a ver el castillo, que obviamente estaba cerrado por ser la fiesta grande. Bien. La primera, en la frente. Por lo menos nos hicimos unas fotos, compramos postales y un queso de kilo y pico que huela a pies y sabe a ahumado. Para que luego digan que no sabemos remontar ante la adversidad. Jodidos pero contentos partimos hacia los siguientes destinos, Rasnov y Brasov.
Rasnov es una ciudad más pequeña y menos turística que Bran, pero más interesante. Tiene otro castillo, más en ruinas y menos visitado que el de Bran, pero con un museo de artículos medievales muy chulo (a destacar los instrumentos médicos, que daban miedo) y una galería de tiro con arco en la que demostré ser sorprendentemente bueno (una de las tres flechas dio prácticamente en el centro. Que se prepare Robin Hood, que en cuanto me agencie unas mallas verdes le voy a quitar el puesto). ¡Por fin un deporte en el que soy más o menos competente! Otro de los puntos a favor fue que nos incorporamos a un grupo de estudiantes que pasaba por allí y entre unas cosas y otras nos colamos sin pagar. Ah, si, también vimos un desfile militar en mitad de la plaza mayor del pueblo. Entretenido…
La última parada del día también estuvo bastante bien. La parte central de Brasov está guapa, con edificios antiguos y bien conservados, calles peatonales y tal. No tiene monumentos muy espectaculares, pero toda la ciudad en su conjunto, especialmente la plaza central, es un sito muy agradable para ver. El teleférico, que nos recomendaron visitar, estaba cerrado, por la misma razón que el castillo de Bran. Lo peor, sin duda la comida, porque fuimos a un sitio a priori barato, pero donde nos cobraron el pan y el agua a precios astronómicos, prácticamente lo mismo que el resto de la comida. ¡A Sighisoara!
Nuestro audaz trío llegó a Sighisoara, ciudad a unos cien kilómetros de Brasov, hacia el centro del país, con la frase de Oscar resonando en sus cabezas: "No os preocupéis, ningún problema para encontrar alojamiento". Famosas últimas palabras.
Resumiendo: toda la parte antigua de la ciudad (es la parte más turística, rodeada por la vieja muralla medieval y donde más hoteles hay) estaba a rebosar de turistas. Ni una cama en 2 kilómetros a la redonda. Tras renunciar al plan de ligar con alguna chavala local para dormir en su casa, nos tocó hacer ronda de llamadas a hoteles hasta en contrar uno que nos dió un apartamento para los tres (salón gigantesco, dos baños, habitación grande, desayuno incluido) por un precio razonable. El punto en contra lo puso la recepcionista, que a la pregunta de "un sitio para tomar una cerveza", y vista nuestra cara de españoles, nos dio la dirección de un puti. Marca España, sin duda alguna. Al final volvimos a la ciudad vieja y nos metimos en una especie de bar-cibercafé de estudiantes, donde nos dieron un litro de cerveza por algo más de un Euro.
La ciudad antigua A la mañana siguiente nos pusimos a ver la ciudad. El casco viejo es una gozada de ver; la ciudad antigua todavía está amurallada y mantiene muchas casa de la época (restauradas), la mayoría de ellas museos, restaurantes u hoteles. La verdad es que es la parte de Rumania que mejor preparada está para el turismo de las que he visto.
Aparte de la ciudad en sí, Sighisoara tiene un ayuntamiento con torre del reloj convertida en museo (vas subiendo pisos, cada vez más estrechos hasta que sales fuera a la torre, donde hay muy buenas vistas y carteles señalando hacia las ciudades más importantes, el Polo Norte y el Sur), una estatua de Vlad Tepes, personaje en el que supuestamente está basado Drácula y una iglesia en lo alto de la colina a la que se accede por un camino con techo de madera que parece un túnel que no desentonaría en "Sleepy Hollow". Es una subida considerable pero merece la pena.
Vista la ciudad, nos recogimos a la una y nos volvimos a Bucarest. De este viaje no puedo contar mucho porque me quede dormido en el minuto dos.
Un par de fotos más:
La primera es la escalada al teleférico de Brasov. Después de esta cuesta, había aún un porrón de escaleras para subir. La segunda es el "túnel" que había que atravesar en Sighisoaia para subir a la iglesia. En la tercera estamos Jon y yo con nuestro amigo Vlad y en la última estoy yo haciendo gala de mi sentido de la orientación. Fijaos en el cartel de arriba. Palabra que la foto no estaba preparada.
Bueno, un post largo y con fotos para compensar mi falta de interés de los últimos días…
Ah, casi se me olvida. Hay que comentar que han venido dos colegas de Jon e, incluso más importante, ¡Pablo! ¡Si señores, el gallego más internacional está en Bucarest! ¡Que tiemblen las rumanas! ¡Y mi hígado, que tiemble tambien! Os comento mañana (o no, según mi estado permita)
Norog! (Salud!)
