Hace tres dias fue Nochebuena, y anteayer Navidad
Fum, fum, fum…
Ya estamos aquí de vuelta, tras unas vacaciones bastante cortas.
Muchas cosas que contar, mucho día explotado a tope, mucho cansancio acumulado de los viajes, mucha comida muy rica, pocos regalos pero buenos… Lo típico, pero más concentrado porque tenía pocos días. Hay que decir que tengo pocas fotos que enseñar, porque la cámara nueva no la conseguí hasta el jueves (nota: hacerle una foto a mi cámara para presumir. Habrá que poner la cámara delante de un espejo, porque si no lo veo difícil).
Quieras que no, se agradece volver a ver a familia y amigos. Los regalos y la comida a mansalva también ayuda. Estuve con las familias de mi santo padre y de mi santa madre, la noche del 24 y la comida del 25 respectivamente. Mis primos pequeños siguen tirándoseme encima cada vez que me ven y pidiendo juguetes con pistolas para usarme de blanco. ¿A que son muy majos?
Con los colegas pues bien, salir un par de veces de forma mas o menos tranquila. Ha tocado repetir muchas veces las mismas historias y prometer que sí, que tenían cama en Bucarest cuando quisieran. Ahora, cuando les diga que aquí estamos a un gradito bajo cero, me temo que todas esas intenciones se van a quedar en agua de borrajas.
Por supuesto, el día del viaje de vuelta me dormí bien dormido, con lo que no pude aprovechar la mañana como hubiera querido (lo siento Jose). Me desperté a las once con la maleta sin hacer y el tren saliendo a la una. Menos mal que mi padre se pasó por casa para llevarme, que si no ni como.
En cuanto al viaje de vuelta, lo típico. Desde la una de la tarde con el AVE hasta las dos de la mañana (hora local). Entre lo interesante, Pedro y yo, nos encontramos en Madrid con Emilio, el informático de Belgrado y estuvimos un rato juntos en el aeropuerto de Milán hasta que cada uno cogió su vuelo. Las maletas llegaron, aunque nos toco esperar lo suyo, y el taxi no nos dio excesiva vuelta.
En el vuelo a Milán estuve leyendo Angela’s Ashes de Frank McCourt. Era curioso leer sobre la vida de pobreza en Irlanda hace 80 años y luego levantar la vista y ver que estabas viajando de una puenta a otra del mundo no una, sino dos veces en tres días. Que paren el mundo, que me quiero bajar.
En el viaje a Bucarest estuve entablando conversación con una americana muy maja que se sentaba al otro lado del pasillo, con lo cual el libro se quedo bastante relegado. Por lo visto iba a Constanza (blah) a ver al novio (doble blah). Anna (no lo vi escrito, pero sonaba así) sabía algo de español, con lo que no tuve ni que molestarme en hablar en otro idioma. Tiene mi mail por si se pasa por aquí.
Por último, comentar que cuando llegamos estábamos a 5 grados bajo cero y que esta mañana hemos visto el primer charco helado en la calle. Me parece que de aquí a una semana empezamos a venir al curro en buseto.
