Lucky Number Slevin tiene las respuestas a todas las preguntas. Una vez esto ha quedado claro, empezamos.
Primer post del año. Vamos a hacerlo memorable.
Generalmente tengo pensado hacia dónde voy con un post. Me cuesta lo mío escribirlo y generalmente voy escribiendo trozos de párrafos posteriores según se me van ocurriendo ideas para no perderlas. Hoy no me voy a preocupar de eso. Ataraxia. También tengo varias cosas que contar, con lo que habrá un poco de todo y sin mucho orden.
Hoy ha amanecido nevando. Antes deque nadie se arranque con los Oooh’s y los AAhh’s, dejadme que os diga algo. Yo también he caído en la trampa de creer que la nieve es algo bonito, que hace del mundo un lugar mejor, que le da una aspecto mas puro y de cosa nueva, a estrenar. Es muy apropiado para estas fechas, y el hecho de que en Zaragoza nieve una vez cada tres años me ha obligado a ir hacia el curro silbando "Let it snow, let it snow". Por supuesto, me ha durado solo cinco minutos, momento en el cual iba pensando que la nieve ya no era tan bonita. A la hora de salir a comer, la nieve ha quedado definitivamente en la categoría "nueve plagas del Antiguo Testamento"
A ver, he estado oyendo que hay becarios que tienen problemas porque se les inunda el piso. A mi se me inunda la ciudad. Bucarest, como ya se ha mencionado antes (y si no lo he hecho, pues se debería haber dicho), es una ciudad sin alcantarillado. Bueno, algo tendrá, porque el fregadero no rebosa agua cada vez que abro el grifo. Sin embargo, las calles tienen una alcantarilla cada dos kilómetros y medio, y los desagües brillan por su ausencia.
Problema: no sólo cae nieve en Bucarest. Eso sería demasiado sencillo. También cae agua, y mucha. Esto, unido al déficit desagüeril anteriormente mencionado, hace que la calle se encharque. Añadamos que hace frío. Mucho. ¿Qué le pasa al agua cuando hace mucho frío? Justamente eso: tenemos una pista de patinaje. Ahora, simplemente por hacer la gracia, echemos un poco de nieve encima del hielo para confundir al transeúnte despistado, a ver que pasa. De repente, esa superficie algodonosa y blanca se convierte en cuanto la pisas en una malvada, extensa y sobre todo, resbaladiza cáscara de plátano.
Estas capas de hielo también se pueden formar por simple compresión de la nieve caída. Dado que en esta ciudad las aceras son un sitio accesible para los coches, bien sea para aparcar o para adelantar a algún otro vehículo si el conductor tiene prisa, no son sólo los peatones los que se dedican a esta noble ocupación. Por supuesto, cualquier asomo de nieve sin compactar es un terreno de paso altamente deseado, ya que garantiza un agarre firme, al menos hasta el tercer pisotón.
Por supuesto, en algunas zonas el agua simplemente cae en cantidad suficiente para que a la nieve no le de tiempo a cuajar. Se deposita encima del agua formado una finísima y frágil capa, que por el frío se hiela y parece resistente y, aquí está la gracia, de poca profundidad. Cuando el becario en cuestión, el tecnológico por ejemplo, pisa confiadamente esta capa, se encuentra con la pierna metida hasta la rodilla.
Finalmente, hay masas de agua tan anchas, profundas y largas que es sorprendente que las calles en las que se forman no aparezcan como ríos en los mapas. En esos momentos es cuando un hombre de verdad tiene que preguntarse: ¿se retira uno como una nena, caminando a lo largo del río hasta encontrar un vado? ¿se adentra en la calzada de la calle principal, desafiando al tráfico que pasa a 120 por hora a menos de medio metro? ¿o simplemente confía en su calzado y se adentra, imperturbable, en el océano que se extiende delante de el con la esperanza de que llegar al otro lado antes de que la hipotermia y su falta de habilidad natatoria acaben con él? En estos dilemas es donde uno se prueba a sí mismo y donde se distingue a los valientes.
Las especies autóctonas de la ciudad son aún más fáciles de distinguir en invierno. Mientras que el extranjero avanza cautelosamente, pegado a una pared, valla o señal de forma que haya algo a lo que echar mano en caso de caida (como en la canción de Joshua Ralph que da título al post When you look right, you fall to the left, into the Kansas City Shuffle. Esta canción es la más importante para Lucky Number Slevin.), el rumano ha desarrollado un tipo de caminar especial, especialmente adaptado a este entono salvaje y que le permite moverse sin ningún tipo de preocupación. Ataraxia. Mediante cuidadosa observación, he descubierto lo siguiente sobre este movimiento característico.
En primer lugar, no se puede levantar mucho el pié al dar un paso. Hay trampas mortales como los charcos escondidos que solo se pueden evitar asegurando muy bien que cuando el pié vaya a aguantar nuestro peso esté en una zona firme y adherente. El deslizamiento ayuda a quitar el hielo de delante nuestro y evita que nos adentremos en exceso en un charco a primera vista invisible debido a la nieve depositada encima. El movimiento no es muy distinto al de un esquiador de fondo.
Al mismo tiempo, se necesita bajar el centro de gravedad del cuerpo para asegurar mayor control en las curvas, y separar la presión en una superficie lo más amplia posible para evitar hundirnos en demasía. Estos dos factores se consiguen separando las piernas más de lo normal, como un cowboy recién bajado del caballo o alguien que se haya meado en los pantalones.
La última técnica, ya solo presente en auténticos maestros del caminar en Bucarest, consiste en deslizar los pies hacia los lados en el momento de pisar, consiguiendo retirar el hielo de debajo del pié. Este movimiento, combinado con el deslizamiento hacia delante, hace que el caminante parezca a un bailarín de vals sin mucha idea y que solo sabe moverse de derecha a izquierda al compás de la música, especialmente en el caso del "Padam, Padam" o alguno de los muchos de Strauss, de los que sin duda el lector conoce varios y cuya inclusión aquí solo sirve para distraer la atención.
Por cierto, la distracción, el engaño y el desvío de la atención son los temas fundamentales de Lucky Number Slevin. Continuemos.
Recapitulando: Esquiador de fondo-vaquero escocido-bailarín de vals de segunda. Creo, sin ánimo de presumir, que la descripción es clara, pero aún así incluyo este diagrama en caso de duda.
Después de todo esto, mis lectores (los tres) pueden suponer que no me gusta la nieve. Nada más lejos de la realidad. Me gusta la nieve. La adoro. Simplemente soy muy estricto en los detalles, sobre todo geográficos, que se tienen que tener en cuenta para que esta adoración se produzca. A saber: tiene que nevar al otro lado de un cristal. Esto es lo más importante. Asimismo, debe nevar de forma que cuando yo salga a la calle, la nieve esté blanca o no esté. Finalmente, debo tener una bebida caliente en la mano. Para que se vea que no es tan difícil que todo esto suceda a la vez, me alegré mucho cuando nevó (poco) el día 30 y aún más cuando no nevó el día 31. Ataraxia.
Lo que nos lleva a hablar de la Nochevieja y el Año Nuevo. Pero antes de continuar, quiero definir la Ataraxia: Para los griegos, la ataraxia es la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional —la felicidad— mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos, y a la fortaleza del alma frente a la adversidad. Es, por tanto, tranquilidad espiritual, paz interior, imperturbabilidad. Para los psicólogos, la ataraxia es la incapacidad de sentir preocupación. Slevin padece ataraxia, lo que le lleva a enfrentarse con mucha tranquilidad a situaciones a las que otros no podrían hacer frente sin derrumbarse.
Volviendo a la Nochevieja, la pasamos en mi casa Pedro, Jon y yo. Javi había desertado a Estambul, donde no tiene muy claro si se lo pasó bien o no, porque recuerda muy poco de la estancia allí. En nuestro caso, la cena fue algo ligero: chipirones, tortilla(s) de patatas, morteruelo, embutido y varias otras cosas que ya no recuerdo. En lugar de al Rey, vimos a Traian Basescu soltando un discurso poco antes de las campanadas, nos comimos las uvas a la hora rumana, nos abrazamos con chorretones de zumo corriendo por los carrillos y vimos gastarse el presupuesto de los fondos de cohesión para este año en fuegos artificiales. Feliz entrada en la UE, Rumanía.
Después nos fuimos al Fly club, donde habíamos quedado con Raluca, una rumana que trabaja en la embajada. El sitio era bastante curioso, con un cierto parecido a un bar español. Es decir, ni discoteca, ni bar para adolescentes ni nada de eso. Sólo un sitio con buena música, un montón de gente y bebidas baratas que no eran de garrafón. O al menos no me sentí mal al día siguiente. Con eso me vale. Raluca se marcho muy pronto, pero seguimos la farra con desconocidas muy amables que nos encontramos por allí.
Presiento que el sitio este se va a convertir en un lugar importante para nuestras futuras andanzas. Los cubatas a dos euros y los carteles de películas míticas en las paredes compensan que sólo haya un baño. Tuve que esperar, empujar, discutir, decir que era diplomático y, en una ocasión, hasta hacer magia con media docena de cartas, un botón, un vaso de cubata y un tanga (de tía, malpensados) para conseguir entrar. Por supuesto, el truco elegido fué el Kansas City Shuffle. De las varias (no sé cuantas) horas que estuvimos, al menos una me la pasé esperando.
Unas cuantas fotos más. De izquierda a derecha: los estragos que hicimos en la mesa a la que nos sentamos, los estragos que la mesa hizo en nosotros, los tres con Nico, a la que conocimos en el bar, y el premio que esperaba a aquellos que aguantaban en la cola del baño una media hora.
Hasta ahora simplemente he escrito lo que me salía en cada momento. Me parece que ya es hora de cerrar el post y lo voy a hacer hablando de algo que parece tener relación con todo. Slevin
Para resumir: hemos descubierto que Slevin vive en un estado de Ataraxa, es decir, el ideal de felicidad y autocontrol griegos. Es un hombre que se conoce a sí mismo. Es un maestro del engaño, lo que demuestra que conoce las mentes de los demás hombres, y aparentemente también tiene relación con la música, expresión del alma del ser humano por antonomasia, desde los bailes de salón clásicos como el Vals hasta las canciones más recientes, lo que supone una inmensa influencia sobre el curso que la humanidad ha llevado desde el renacimiento. Es posible que desde antes aún.
¿Quién es este Slevin? ¿Cómo ha conseguido tal poder desde hace tanto tiempo? ¿Acaso no es un hombre, sino una sociedad secreta que utiliza el nombre de Slevin como un Kayser Soze cualquiera para ocultar sus verdaderas identidades? ¿Es posible que me esté acercando demasiado a algo de lo que no debería saber nada?
Hoy, al llegar a casa he encontrado la respuesta. Había una persona allí, apenas visible entre las sombras. Solo he podido distinguir sus ojos. No ha dicho ni una palabra, pero he entendido la advertencia, y la amenaza… no promesa, que se ocultaba detrás. Sin embargo, he decidido confiar este documento al ciberespacio, con la esperanza de que a alguien más le sirva. Se lo que este acto supone para mí, pero no puede callar y dejar que este hombre siga manejándonos como un titiritero tras la pantalla, tirando de hilos invisibles al son de los cuales danzamos. Lector desconocido, ¡descubre a Slevin! ¡desenmascáralo y deshaz de una vez por todas esta madeja que nos ha tenido atrapados durante cientos, quizá miles de años!
Alguien está llamando a la puerta. Sé quien es, y sé lo que me espera, pero ni siquiera él podrá evithadsjf…