El Rumaño

February 6, 2007

Il choteadore

Filed under: Vida en Bucarest

Hola de nuevo. 

Hace mazo que no escribo, pero la verdad es que esta semana se me estaba haciendo muy cuesta arriba ponerme delante de un ordenador y escribir. Simplemente no encontraba las palabras. Cosas del bloqueo mental y del Alzeimer. No he mirado siquiera los comentarios anteriores, que me da miedo.

Curioso de todas formas esto del blog. Viendo el calendario este a mano derecha veo que, por ejemplo, no escribo los fines de semana, que es cuando en teoría, tengo más tiempo. A lo mejor es que escribo para olvidarme del curro. Yo que sé.

A lo que iba. Tengo como cinco hojas de Word escritas sobre el viaje a Sofía, pero no me gusta como queda. Son parrafillos sueltos que no hay dios que se aclare con ellos, con lo que hasta que no me aclare y los organice un poco no los voy a poner. Visto esto, voy a salir por otro lado que sí que tengo ganas de contar.

Me he hecho un mecenas de la cultura. Bueno, más bien, el sábado fui a la ópera, y lo gordo es que fui yo quien lo sugirió, no tengo muy claro el porqué. Supongo que porque nunca había ido antes.

Con las entradas en la mano, y poca o ninguna vuelta atrás, me resigne a mi destino y empecé a pensar en lo que se avecinaba. El primer paso era elegir atuendo. Lamentablemente, mi primera opción de ir vestido con traje oscuro, bastón con puño de diamante, una capa de terciopelo negra y una máscara blanca (uniforme estándar para ir a la opera), fue derribada rápidamente por los cañones del S.S.Gigi, que se tomaba la cosa en serio. El sombrero de copa también estaba fuera de lugar, aparentemente, por lo que al final me toco ir con una simple corbata. Eso sí, llevaba en el bolsillo una medalla de la segunda guerra mundial en caso de que hubiera que ponerse chulo con alguien (el por qué tengo una medalla así tendrá que esperar al recuento del viaje a Bulgaria.)

Nos juntamos Oscar, Ivan, Jon, Mai, Javi (que llegó tarde), y yo. Estaba nevando bastante esa noche, con lo que el edificio de la ópera estaba francamente chulo. Sin tener mucha idea de lo que nos esperaba, entramos y esperamos a escuchar los primeros compases de “Nabucco” Para los que no hayan visto la ópera, que supongo que serán dos o tres, gente culta como vosotros, la historia va más o menos así:

Acto primero: Blancos contra rojos

Tenemos dos equipos, los buenos (que son los judíos y van de blanco) y los malos (los babilonios, que van de rojo). Los malos van ganando la guerra por goleada, y los buenos se han escondido en su templo a llorar y tal. El jefe de los judíos (Zacarías, sacerdote mayor del Templo, el es el jefe porque tiene la barba blanca y más larga que los otros), tranquiliza a su equipo: Dios les ha concedido un rehén, la hija menor (Fenena, una señora de unos setenta tacos y espeso y cuidado bigote) de Nabuco, rey de Babilonia. No tengo muy claro por qué Dios no se cepilla al ejercito babilónico, o mata al rey, o algo más directo, pero “los caminos del Señor son inescrutables” y todo eso. Zacarías encomienda Fenena a Ismael, un joven soldado judío interpretado por un tipo de 63 años.

La trama se complica: Fenena e Ismael se quieren, a pesar de conocerse desde hace un par de minutos. En mitad de una dramática aria, Abigail (la otra hija de Nabuco, la mala de la película) entra con soldados babilonios disfrazados de judíos (que hablan hebreo a la perfección y han escondido sus lanzas y escudos pintados de rojo fácilmente debajo de sus capas, porque si no, no entiendo como se pueden meter hasta la cocina con tanta facilidad) y los pilla in fraganti.

Bien, aparentemente Abigail tiene un ataque de celos y declara su amor por Ismael (que las das, hijo mío, que las das). Mientras Ismael, aturdido por verse el centro de las atenciones de dos orondas y sesentonas señoras, intenta quitarse de encima a la pesada (literal y figuradamente) de Abigail (y por qué no la secuestra también? Dos rehenes son mejores que uno.), Fenena, en un intento de llamar la atención, se convierte al judaísmo. Así, por las buenas.

Cuando entra Nabuco, Zacarías, hombre santo, amenaza con matar a Fenena si no se retira, demostrando que el fin sí justifica los medios. Afortunadamente, porque si no la ópera se acabaría muy pronto, Ismael la salva cogiendo la daga de Zacarías por el filo, aparentemente sin cortarse. Fin del primer acto.

Acto segundo: Deux ex Machina

Nabuco está de picos pardos en la guerra, y ha dejado a Fenena de regente. Abigail está que trina, lógicamente, y encima ha descubierto que no es hija de Nabuco, sino una esclava (Sí, Ricardo Alfonso, no sos hijo de tu mamá. Sos hijo de la Cristal. Pom Pom POOOOMMM). Con el rebote que lleva, decide dar un golpe de estado.

Nabuco vuelve en el momento oportuno, se ríe de los judíos y de los babilonios, de Dios y de Baal, y, pasando de todo, se declara dios. Alguno de los dos dioses (mi voto va con Baal. El de los judíos había pasado bastante de todo hasta ahora, a pesar de los palos que le estaban dando a su pueblo) le tira un rayo (el tío sigue cantando un rato, eso sí, vaya peazo de aguante), y Abigail toma la corona. Todos se inclinan (judíos incluidos, vaya hipócritas)

Acto tercero: La familia bien, gracias

Riña familiar entre Nabuco y Abigail. Uno le dice que no puede ser reina, que es una esclava, y la otra, en lugar de irse de casa, le echa a él. A las mazmorras, en concreto. Mientras tanto, los judíos se quejan.

Acto cuarto: El gran final

Nabuco se despierta en la cárcel, recuperado del rayo que lo había dejado tarumba. A la desesperada, se convierte al judaísmo (lo hacen mucho, estos babilonios), justo antes de que soldados leales entren a rescatarlo (seguro que se está arrepintiendo. Con lo bien que vivía siendo Baalista, o como se diga.) Con sus soldados, va y recupera el trono.

El rey impide la ejecución de todos los judíos, Fenena incluida, ordenada por Abigail, llegando en el último segundo, como el GRAN MALDITO HEROE que es. Abigail, viendo lo que le espera, se envenena y se muere con una canción en los labios.

Fin

La obra estuvo muy bien, para ser la primera a la que iba. Es para repetir, dentro de algún tiempo. Eso sí, me quedaron algunas dudas: primero, ¿cómo se mantenían en pie los templos y palacios de la antigüedad? Aparentemente sólo tenían un par de columnas de cartón piedra como soporte. Segundo, ¿de qué estaban hechas las espadas? Esta gente se pasa media obra cociéndolas por el filo sin mucho problema. Tercero: ¿Por qué son tan descuidados con los documentos importantes? Abigail deja tirado el pergamino que explica sus orígenes durante dos actos enteros. Es sorprendente que nadie lo recoja y la depongan. Cuarto: Más un comentario que una pregunta. El cristal brilla bastante más que los diamantes, probablemente porque tiene más que demostrar. Casi no podía ni mirar a Nabuco de lo que deslumbraba el chaval. Finalmente: ¿Por qué tardan tanto en morir? ¿Y por qué siguen cantando?

 

Después de la ópera nos fuimos Oscar, Javi, Mai y yo a comer algo por ahí y acabamos (como no), comiendo pasta. Estoy hasta las narices. Menos mal que hoy vamos a la Mama, y me voy a enchufar media docena de mititeis que voy a volver rodando.

Un día de estos (ya me da miedo dar fechas concretas), la saga del viaje a Bulgaria.

Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Jay of onefinejay.com