El Rumaño

February 13, 2007

La poderosa legitimata

Interrumpo la crónica del fin de semana para contar un par de cosas que han pasado entre ayer y hoy.

Primero, ayer tarde nos pegaron una pillada monumental en el autobús. De los tres que íbamos, sólo Jon tenía papeles. Pedro iba con un billete (sin picar, con lo cual no era válido), y yo llevaba un abono mensual caducado el viernes.

Los revisores son maquiavélicos en su aproximación a la caza y captura de delincuentes. Van en grupos de tres, para bloquear las puertas de salida y encima se camuflan con el resto de los viajeros, para que cuando salte la trampa no haya manera de salirse del bus.

Pues eso, que estábamos de palique y de repente me echan una mano de uñas largas y negras en el hombro y me enseñan una especie de carnet (Tranquilos, soy revisor!). Nosotros comenzamos con el paripe de "nu inteleg", a lo cual el tipo responde trayendo a otra revisora (mayor) que sabía inglés. Visto que allí no iba a quedar títere con cabeza, acudimos a instancias superiores. Tiramos de pasaporte de servicios.

Este bonito documento de un tamaño ligeramente superior a la cartera dice que trabajamos para la Embajada Española y que las Fuerzas del Orden deben ayudarnos en todo lo posible. Mano de santo, señores. Después de una discusión entre los dos revisores,  la que sabe inglés decide pasar del hecho de que llevamos un mes montándonos en autobuses (mi bonomés caducado así lo indica, y Jon lleva uno en condiciones), y nos empieza a enseñar a picar billetes, todo bajo la atenta mirada del otro garrulo, al que no le hacía ninguna gracia el tema. Y nosotros poniendo cara de interés y haciéndonos los tontos (Yo sé que tu sabes que yo se como hacer lo que me estás contando). Cosas de la integración europea.

Otra cosa, hoy me he enterado de que ha muerto Alejandro Finisterre (nom de plume de Alejandro Campos Ramírez), poeta, inventor y editor. Este Gallego hijo de familia pobre, exiliado con el franquismo y vuelto a España con la transición, fue presidente de la Editorial Finisterre y miembro de la Real Academia Gallega. Demócrata, enemigo de las disputas y siempre atento a las necesidades de los demás, Alejandro falleció por una úlcera de diodeno rodeado de amigos, familia y vecinos. Había dedicado los últimos años de su vida a la promoción de la obra cultural, apoyando a jóvenes poetas españoles y latinoamericanos. Cuando murió, era el albacea del testamento del poeta León Felipe.

Lamento no haber leído nada de este poeta semidesconocido, pero me resulta necesario escribir este breve obituario, ya que la mayoría de los españoles le debemos, sin saberlo, muchas horas de ocio. Probablemente será una contribución menor, y el mismo no le daría mayor importancia, pero yo, como persona rústica y primaria que soy, le doy mucho más valor.

Entre sus aportaciones a la humanidad, se encuentra el hecho de haber sido el inventor del futbolín.

Rindamos un sincero homenaje a Alejandro Campos Ramírez, creador del entretenimiento a 20 duros las once bolas, y causante del 78% de las peyas de la Universidad de Zaragoza.

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