¡Una silla! ¡Una silla! ¡Mi reino por una silla!
Los rumanos son gente lista. Es algo cultural. Desde que los romanos empezaron a meter sus narices imperiales en Moesia, la gente nacida en Rumanía han aguantado siglos de pobreza, hambre y privaciones. Quizá por ello, han desarrollado una aptitud para aprovechar todo lo aprovechable y sobrevivir por sus propios medios, especialmente arraigada durante la época comunista.
Pregúntale a un rumano cuál es la mejor marca de Palinca para comprar y te mirará como si fueras un bicho raro. Acto seguido, comentará que las botellas de Palinca disponibles en el mercado son una imitación de la verdadera palinca y que una discusión sobre los pros y los contras de cada marca es una pérdida de tiempo porque son, todas y cada una de ellas, basura. ¿Quién sino un turista recién llegado a Bucarest puede querer pagar por algo tan superficial como una nueva, desinfectada botella de imitación de alcohol corporativo cargado de impuestos. No, el rumano llamará a su primo, que tiene un amigo cuyo abuelo tiene una destilería clandestina en los bosques moldavos y que puede mandarla por microbus en garrafas de apa plata de 5 litros, en dos semanas como máximo. Esa es la auténtica Palinca, y está hecha de manzanas y hierbas (bueno, mayormente), y cuesta la cuarta parte. El tío Popa lleva años bebiéndola y ni siquiera se ha quedado ciego.
¿Ir al NIC a por comida? No. Porque te cobran las bolsas. Mejor llévate estas 12 bolsas que he estado utilizando durante años para llevar kilos y kilos de manzanas y Coca-Colas cada vez que hay una oferta apetecible, con las asas reforzadas con cinta aislante y aún así estiradas hasta límites insospechados.
En Rumanía nadie lleva su Dacia de 20 años al taller. No, mejor me pasas la cuerda que mi abuela hizo en el pueblo y el martillo hecho con partes sobrantes de otras herramientas, y la botella de Tchuica del asiento de atrás.
A la hora de crear una empresa, uno de los múltiples problemas que te ponen es que tus cuentas deben ser llevadas por un contable titulado. Por supuesto, no le vas a pagar a un extraño un duro más de lo necesario. No: ayer tu colega habló con su hermana. Resulta que la nueva novia de un amigo de su hermano es contable en una pequeña compañía al otro lado del pais, y puede resolverlo todo sin ningún tipo de problema.
No compres fruta: planta cebollas y tomates en el balcón. No tires nada: puede ahorrarte 2 leis dentro de 15 años. No cojas un taxi: tienes dos piernas. No pongas la calefacción: ponte más capas de ropa…
Esto significa que no hay nadie mejor que tener a tu lado en una emergencia que un rumano. McGyver no puede hacer nada sin su navaja, y el Equipo A solo funcionaba cuando los encerraban en una mina con material de soldadura y metal en abundancia. Un rumano puede, en caso de emergencia y sólo con los materiales que lleve en los bolsillos o guarde en su Dacia: a) hacer fuego, b) preparar una comida, c) montar una central nuclear de bolsillo portátil con la que proporcionar energía a su cúpula geodésica autosuficiente y d) hacerlo por menos de 10 euros.
El problema aparece cuando tú quieres algo que a ellos les parece una extravagancia, como por ejemplo, una silla.
Y en esta situación nos encontramos cuando Ion y yo le dijimos a la casera que las sillas de nuestra casa estaban completamente desencajadas y que se caían si las mirabas mal. Ante nuestra sugerencia de comprar nuevas (van a abrir un IKEA de aquí a nada en Bucarest) nos dijo que no, que mejor le pedía a un primo suyo un poco de cola de carpintero, y que las podíamos arreglar nosotros mismos.
Vale…
Me veo comiendo en el suelo.
